“Cuando enterramos a un padre enterramos el pasado, cuando enterramos a un hermano enterramos el presente y cuando enterramos a un hijo, enterramos el futuro…”
(Fragmento anónimo)
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Mientras pasamos por las distintas etapas del duelo, parece natural y hasta justificado, que se nos haga difícil aceptar la partida de un ser querido, pero cuando se nos va un hermano(a), no logramos entender por qué muy dentro nuestro, en lo mas profundo; aun con el paso del tiempo, realmente no logramos aceptarlo.
Sentir rebeldía es una de esas etapas del duelo, pero la rebeldía que sentimos ante la ausencia del hermano, es diferente a la que sentimos cuando se nos van nuestros padres, es como si fuera la rebeldía de un niño que no entiende, ni acepta lo que le sucede. Y claro que es la rebeldía de un niño, de ese niño o niña que, desde lo profundo en sus más antiguos recuerdos, siempre encuentra la imagen de ese otro niño(a), su hermano(a), aquel con quien compartió sus juegos, el amor de sus padres, sus pequeñas peleas, la responsabilidad de ‘protegerlo’ o de dejarse ‘proteger’, el crecer juntos, y con los años, los momentos complices, las coincidencias y diferencias de criterio. Esto es, simplemente, porque compartieron toda una vida juntos en forma simultanea y paralela; y aunque la vida de adultos los hubiera llevado algunas veces por caminos algo distantes, siempre estaban lo suficientemente cerca para ayudarse, para darse apoyo, en la preocupaciones y en las tristezas; y tambien para compartir las alegrías, las celebraciones, los nuevos nacimientos..., los sobrinos!
Por eso, cuando se nos va un hermano(a), sentimos que se paraliza nuestro presente, que todo se congela. Porque los hermanos forman parte de nuestra vida actual, de nuestra vida presente, de nuestro mismo tiempo y espacio. Y luego que se han ido, tenemos que seguir adelante y retomar nuestra vida sin un pedazo de nuestra alma, sin esa parte que caminaba a la par con nosotros, que entendía y compartía nuestras vivencias y que ante algún problema todavía tenía la fortaleza física y emocional para darnos una mano o ayudarnos a encontrar una solución; esto es, para darnos su apoyo. Tenemos que retomar nuestra vida sin ese hermano que fue parte de nuestra vida, toda la vida!
Que Dios te bendiga hermano!
Con amor,
tu ‘manita’
A mi hermano Víctor, en recuerdo de su regreso a la casa del Padre!,
el 18 nov del 2007.
Agosto 2008